Desde una pequeña granja porcina en Entre Ríos hasta un frigorífico que hoy procesa más de 65.000 animales al año y produce cerca de 7.000 toneladas de carne y elaborados. Esa es, resumida, la historia del frigorífico La Piara que vende carne de cerdo bajo la marca Granalier (granja Alimentaria Entre Ríos), y que hoy conducen dos hermanos jóvenes que decidieron apostar fuerte a la industrialización del cerdo.
Irina y Miguel Hergert están a cargo de la empresa, buscando continuamente nuevos desarrollos bajo la atenta mirada de su padre que los custodia en el crecimiento.
La planta está ubicada en Estación Camps, cerca de Paraná, y el proyecto nació hace más de dos décadas. Primero fue la cría de cerdos y después la decisión de agregar valor.




“Nosotros el año pasado cumplimos 20 años desde que se constituyó la sociedad. Nuestra historia arranca con la granja, siendo criadores de cerdo. Ahí es donde empieza mi papá con unos amigos”, recordó Irina Hergert.
La integración con la industria llegó después, cuando la familia se asoció con familiares que elaboraban chacinados de manera artesanal. “El suegro de mi hermano elaboraba embutidos, nos asociamos con ellos y ahí arrancó la industria”, explicó.
Desde entonces el negocio fue creciendo y cambiando de escala. Hoy la empresa se especializa en el desposte y elaboración de productos, es decir, es un ciclo 2, no faena allí sino en plantas de terceros.
“El año pasado cerramos con un poquito más de 65.000 capones faenados y llegamos casi a una producción de 7.000 toneladas entre carne fresca, congelada y productos elaborados”, detalló Hergert.
Aproximadamente el 65% de la producción se comercializa como carne fresca, mientras que el resto se destina a elaborados. En esa línea la empresa produce jamón cocido, fiambres de cerdo, mortadela, salames, bondiola artesanal, además de embutidos frescos como chorizos y morcillas.
En paralelo, el negocio fue incorporando nuevos eslabones de la cadena. El año pasado la firma dio un paso clave al abrir carnicerías propias en la ciudad de Paraná, orientadas exclusivamente a la venta de carne porcina.
“Era un eslabón que nos faltaba. Queríamos llegar directo al consumidor, queríamos que nuestra carne llegue con marca propia a la gente”, explicó la empresaria.
Según contó, el contacto directo con el público también les permite entender mejor cómo evoluciona el consumo.
“Cuando tenemos nuestros propios locales la gente sabe que es nuestra carne y es lo que nosotros vendemos. Y además nos permite conocer de primera mano qué es lo que está necesitando el consumidor”, señaló.
La empresa vende además a industrias y supermercados, con fuerte presencia en Entre Ríos y Santa Fe, mientras que Misiones aparece como uno de los mercados más importantes fuera de la región. También están desarrollando ventas en Formosa y otras provincias del norte.

En el camino hubo decisiones estratégicas. Una de las más importantes fue cerrar la granja propia que había dado origen al emprendimiento para concentrar los esfuerzos en la industria.
“Era una granja chica de 100 madres. En nuestro plan de crecimiento decidimos dar la posibilidad a otros criadores de cerdos para que trabajen con nosotros como integrados, fortalecer la planta con tecnología de punta y con procesos muy controlados mientras llegamos al consumidor final” explicó.
Hoy el abastecimiento se hace mediante un sistema mixto: la empresa compra lechones para engorde a productores integrados y también adquiere capones terminados de granjas que hacen ciclo completo.
Detrás de ese esquema está una conducción familiar que combina experiencia y renovación generacional. Irina, contadora de 45 años, se ocupa de la parte administrativa, mientras que su hermano —dos años menor— está al frente de la producción y la comercialización. El padre, fundador del proyecto, sigue cerca aunque ya no participa del día a día.
A pesar de los vaivenes del negocio, en la empresa siguen viendo un enorme potencial en la carne porcina.
“Siempre le tuvimos fe al cerdo, porque es la carne más consumida en el mundo. Acá en Argentina estamos acostumbrados a la vacuna, pero en el resto del mundo no es así”, afirmó Hergert.
En las últimas dos décadas, ese cambio empezó a reflejarse también en el mercado local. “Hace 20 años se comían 2 kilos de cerdo por persona al año y hoy estamos en alrededor de 20 kilos. Nosotros pudimos acompañar ese crecimiento”, señaló.
Para la empresaria todavía hay margen para que el consumo siga aumentando, sobre todo en un contexto donde el precio de la carne vacuna sube y empuja a los consumidores a buscar alternativas.
“Creemos que al cerdo todavía le falta mucho por crecer. Tiene muchas virtudes como carne”, sostuvo. Entre esas ventajas menciona la regularidad del producto, el rendimiento y sus características nutricionales.

“Sus cortes son muy más amigable. Nunca te vas a encontrar con una milanesa dura o con vena. Tiene buen rendimiento y además tiene grasas que son mejores que las de otras carnes”, describió.
Con esa convicción, en Granalier apuestan a seguir expandiendo la empresa paso a paso, sumando eslabones a la cadena y consolidando su presencia en el mercado.
“Siempre tratamos de ir integrándonos cada vez más en toda la cadena”, resumió Hergert. Y todo indica que, para esta familia entrerriana, el negocio del cerdo todavía tiene mucho camino por recorrer.

Crédito: Irina Hergert




