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La menor oferta de carne explica la caída del consumo de carne vacuna: hay que generar las condiciones para que haya competitividad y aumento de la producción

Ago 21, 2026

Por Daniel Urcía – vicepte de FIFRA y de la UIA

Hemos visto en muchos titulares una preocupación creciente por la caída del consumo de carne bovina. Sin embargo, cuando analizamos lo que ocurre con la actividad de faena durante este año, encontramos que la disminución del consumo responde fundamentalmente a una menor oferta de hacienda.

En los primeros ocho meses del año, la faena bovina registra una caída del orden del 12%, en línea con una disminución del consumo aparente que se observa mes a mes. Si bien el año pasado el consumo doméstico había crecido hasta alcanzar los 51 kilos por habitante, en el último registro de este año se ubica aproximadamente en 46 kilos.

Ese consumo es el más alto a nivel mundial, aunque representa una disminución cercana al 10%, prácticamente equivalente a la baja registrada en la faena bovina.

Por ende, la principal causa de la caída del consumo es la menor oferta de hacienda. Los analistas coinciden en que el stock ganadero estaría atravesando un proceso de retención y crecimiento, y la disminución de la participación de las hembras en la composición de la faena también ratifica este criterio.

Al mismo tiempo, el crecimiento sostenido de la producción y la faena porcina durante los últimos 15 años permitió que esa carne penetrara fuertemente en el consumo doméstico y se transformara en una alternativa válida, compitiendo principalmente a partir del diferencial de precios con la carne aviar.

En definitiva, el conjunto de las proteínas animales viene abasteciendo normalmente a la demanda local. El consumidor argentino tiene hoy una oferta más diversificada y las distintas carnes compiten entre sí por precio y disponibilidad.

La relación entre exportaciones y consumo doméstico se mantiene en líneas generales estable, más allá de las variaciones mensuales que podamos observar entre uno y otro destino. En buena medida, esas diferencias responden a la dinámica comercial de los mercados externos.

Este año, además, el escenario mundial está condicionado por mercados cuotificados, particularmente China y Estados Unidos. Que en un determinado mes se registre un mayor volumen exportado puede estar relacionado con la posibilidad de aprovechar beneficios arancelarios, y eso también tiene impacto en la fórmula con la que se mide el consumo aparente.
En este contexto, es indispensable renovar y ampliar la cuota de carne argentina en Estados Unidos. En septiembre se realizará una misión comercial a ese destino, de la que participarán unas 15 empresas, con visitas a Miami, Dallas y Houston, con el objetivo de consolidar la presencia de nuestra carne en ese mercado.

Luego, en octubre, tendrá lugar nuestra participación en SIAL París, la feria de alimentos más importante de Europa, y en noviembre cerraremos el año con la participación en CIIE, en China, nuestro principal destino en volumen.

Estos mercados son estratégicos y debemos seguir trabajando para consolidar la presencia argentina. No alcanza con tener un producto reconocido internacionalmente: necesitamos sostener y ampliar el acceso comercial y mejorar permanentemente nuestra competitividad.

Los desafíos que tenemos por delante son importantes. Debemos recuperar competitividad y eliminar algunas cargas que pesan sobre la actividad, entre ellas las guías de traslado vinculadas con las leyes de marcas y señales, que en muchos casos generan costos y burocracia innecesarios.

También debemos revisar el peso de los impuestos sobre el precio final de la carne. El informe de FADA muestra que los impuestos y tasas nacionales, provinciales y municipales representan alrededor del 28% del precio que paga el consumidor.

Es un porcentaje significativo que debemos tener presente cuando analizamos el costo de la carne y buscamos explicar la evolución de su consumo.

A esto se suma la necesidad de combatir la competencia desleal y de avanzar en un estándar sanitario básico o mínimo que permita ordenar la actividad y garantizar condiciones de competencia adecuadas.

Son cuestiones que pasan a ser indispensables para sostener y desarrollar la cadena de ganados y carnes. Tenemos una producción de calidad, mercados internacionales que valoran nuestro producto y un consumidor doméstico históricamente ligado a la carne vacuna. El desafío es generar las condiciones para que toda la cadena pueda recuperar competitividad, crecer y aprovechar las oportunidades que ofrecen los mercados.

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