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“El mercado ganadero está en un cambio profundo”, asegura Alfredo Cassani, director de Grupo Lequio

Ago 19, 2026

La industria frigorífica argentina atraviesa un cambio profundo: se faenan menos animales que el año pasado, pero con mayor peso, mientras que la exportación ganó participación frente a un consumo interno que perdió terreno. Así lo describió Alfredo Cassani, director de Grupo Lequio, uno de los principales grupos frigoríficos del país, al analizar la evolución de la faena, el negocio exportador y el mercado interno.

Cassani explicó que el comienzo del año fue particularmente complejo para la industria, tanto para la exportadora como la orientada al mercado interno. “Hasta abril fue difícil la situación. Teníamos un tipo de cambio que venía marchando muy lento y que, a pesar de los buenos precios internacionales, nosotros operativamente a nivel de costos quedábamos poco competitivos”, señaló.

A esa dificultad se sumó la caída del consumo. Según el empresario, la carne vacuna comenzó a perder participación dentro del consumo de proteínas animales, mientras avanzaron el pollo y el cerdo. Esa retracción tuvo además un efecto directo sobre la hacienda disponible para faena.

“Ante una retracción de la posibilidad de pago del consumo y un buen número en la conversión maíz-carne, se fue todo para el feedlot”, explicó.

El resultado fue un faltante importante de hacienda durante el primer cuatrimestre, que ahora comenzó a revertirse lentamente con la salida de animales encerrados a corral.

“Hoy tenemos niveles muy elevados de encierre en el feedlot, por arriba de las 2 millones de cabezas y lo que sale va a faena con un mayor peso, con una mejor calidad para la exportación”, indicó Cassani.

El fenómeno también se observa en las vacas. La tradicional salida de vacas de febrero y marzo no fue este año tan marcada, y una parte de esos animales pasó por el feedlot antes de llegar a la industria. “En vez de venir a faena con el peso de faena de un animal en pie de 350 kilos y algunos kilos más, hoy está saliendo nuevamente a faena en torno a los 500 kilos después de haber pasado 60, 70, 90 días en el feedlot”, explicó.

Por eso, para Cassani, no solamente cambió el número de animales enviados a los frigoríficos sino también su composición. “Tenemos una composición de la faena que es distinta y tenemos una situación hoy de la industria que es distinta a la que teníamos también en el arranque del año”, resumió.

El dato que mejor refleja ese cambio es la participación de la exportación. Según el CEO de Lequio, al comienzo del año el consumo interno explicaba cerca del 70% de la faena, mientras que actualmente representa menos del 60%. “El mercado está en un momento de un profundo cambio”, afirmó.

La conclusión de Cassani es todavía más contundente: la menor faena le pega al consumo de proteína vacuna: “que está en niveles bajos en términos históricos aunque eso se compensa con el mayor consumo de las provenientes de carne porcina y de pollo”.

Argentina, explicó, está faenando entre 10% y 12% menos que el año pasado, pero el peso medio de los animales aumentó unos 14 kilos. Ese mayor peso permite compensar parcialmente la menor cantidad de cabezas y achicar la brecha de carne producida.

Para la industria exportadora, además, el escenario es actualmente más favorable. “Hay más anclaje en la exportación que en el consumo y, con los precios que hay de la hacienda y la carne, las empresas volcadas a  los mercados internacionales tienen una ecuación económica favorable”, aseguró.

Cassani consideró que los valores actuales de la hacienda son mucho más razonables que los registrados durante el comienzo del año, cuando el novillo había alcanzado valores de más de 7 dólares por kilo gancho. El directivo del grupo Lequio entendía entonces que esos precios no podían sostenerse. “No había manera que esos valores se sustentaran”, recordó. Ahora, con precios más lógicos y una industria que logra completar sus faenas, la ecuación es más equilibrada.

De todos modos, advirtió que la pérdida sufrida durante el primer cuatrimestre no podrá recuperarse completamente. “Ni aun en el mejor escenario se logra recuperar todo lo que pasó en el primer cuatrimestre”, dijo, al recordar que tanto las empresas orientadas al consumo como las exportadoras sufrieron aquel período.

La diferencia está en las herramientas con las que cuenta cada negocio. El frigorífico exportador tiene más alternativas comerciales y puede colocar distintos productos tanto afuera como en el mercado interno. Pero Cassani insistió en que tampoco existe una fórmula mágica cuando el precio de la hacienda se dispara: “Con el novillo a siete y algo no había manera de hacer ninguna magia”.

Consultado sobre por qué la exportación está avanzando sobre el consumo interno, fue directo: “Es una cuestión de mercado”. La demanda internacional está firme, mientras que en Argentina se produjo una fuerte retracción de la demanda.

Los salarios vienen perdiendo contra la inflación y más en el caso de la carne vacuna por eso el consumidor termina buscando alternativas más económicas. “Elige el pollo o elige el cerdo, que ha crecido mucho también en sus niveles de faena, de importación y de participación en el número de proteína total consumida por el argentino”, explicó.

El diferencial de precios es determinante. En el caso del cerdo, señaló que la diferencia puede ser de dos a uno frente a la carne vacuna. “En la situación económica que tiene el consumidor no hay cómo combatir”, resumió.

Por eso Cassani no espera grandes movimientos en el precio de la hacienda en lo que resta del año. En pesos, estimó que los valores probablemente acompañen la inflación, pero en dólares no prevé cambios significativos. La razón principal es que una porción muy importante de la faena está destinada a un consumidor interno cuyo poder adquisitivo no muestra señales claras de recuperación.

Por otro lado, si bien mejoró la situación de los exportadores no hay margen para pagar mejores precios, consideró.

Entre los factores que afectan a la competitividad del sector, además de la caída en la faena y la suba de costos industriales destacó: “la incertidumbre internacional”. Cassani mencionó el impacto de los conflictos geopolíticos sobre el petróleo y los fletes, además de los movimientos de Brasil con China y Europa. En particular, advirtió que cualquier modificación de las condiciones sanitarias o comerciales para la carne brasileña puede tener consecuencias sobre los demás proveedores.

El costo logístico ya está golpeando directamente al negocio. Según contó, llegaron a pagar entre 2.000 y 2.500 dólares adicionales por contenedor, dependiendo del puerto y del momento. “Estamos diciendo que no hay espacio para que la hacienda suba nada de lo que está hoy y te mete un incremento en el flete y a veces lo que vos tenías pensado sacar de ganancia de un contenedor terminaste yendo para atrás”, explicó.

Sobre el nuevo escenario regulatorio para los frigoríficos, Cassani reconoció que hubo un cambio importante respecto del período en el que existían restricciones para exportar determinados cortes. Aquellas regulaciones, dijo, afectaban el flujo de ventas, la producción y hasta el manejo de stocks de las plantas.

“Eso mejoró mucho”, afirmó. Sin embargo, todavía quedan consecuencias administrativas de aquella etapa. El empresario contó que continúan abiertos expedientes iniciados durante esos años por inspecciones que hoy considera absurdas.

“Seguimos generando, pagando para procesar expedientes inútiles”, cuestionó. Y recordó que algunos de esos procedimientos se originaban por supuestos incumplimientos sobre cantidades pequeñas de carne dentro de un contenedor.

Para Cassani, en muchos casos esas inspecciones funcionaban además como una herramienta de presión sobre los exportadores. “Muchas veces estos expedientes también se generaban para molestar. Eran una manera también de disuadirte de tener los contenedores en el puerto, hacerte inspección, esforzarte a dar más vuelta y disuadirte del afán por exportar o de vender afuera”, sostuvo.

Aunque las restricciones quedaron atrás, sus efectos todavía perduran en los expedientes que siguen abiertos. “La verdad que en estos casos donde hay una duda importante deberían darlo de baja”, reclamó.

Y cerró con una definición que sintetiza la situación: “Seguimos conviviendo con esto de unos años más. Vamos a ver si logramos algún eco para poder terminar con esto y ya cerrar definitivamente las puertas de esa callecita del terror, el tren fantasma”.

Crédito: bichos de campo y dos florines

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