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De las granjas al frigorífico: la familia Bouzada proyecta nuevas inversiones y una faena propia para ganar escala en el negocio porcino

Sep 18, 2026

La historia de San Fernando es la de una empresa agropecuaria familiar que decidió dejar de ser solamente productora de granos y hacienda para avanzar sobre toda la cadena porcina.

El proyecto comenzó hace unos 15 años con 250 madres, rápidamente pasó a 500 y hoy ya tiene 1500 en producción. Ahora prepara una nueva ampliación para llegar a 2000. En el camino apareció Pondesur, un frigorífico de ciclo 2 y 3 que nació de una asociación poco habitual entre la familia Bouzada que tiene participación mayoritaria de las acciones y dos cooperativas entrerrianas: Coopar, de Aranguren, y la Cooperativa de Seguí.

“En todo ese camino, la empresa tuvo una visión que era llegar con una marca propia a la góndola, no solamente quedarnos en la pata productiva de producir capones en pie, sino meterlo en la fase industrial”, explicó Sebastián Bouzada, presidente de Pondesur y director de San Fernando.

El frigorífico está ubicado en el parque industrial de Seguí, a unos 55 kilómetros de Paraná, y tiene tránsito federal. San Fernando y las dos cooperativas son accionistas de Pondesur, con una participación del 66% para San Fernando y 17% para cada una de las cooperativas. La sociedad se armó cuando los tres socios aportaron el capital necesario para terminar el proyecto y hoy Bouzada encabeza el directorio.

El lema de la empresa, “asociados creando valor”, resume para Bouzada el espíritu del proyecto.

Pondesur tiene locales propios bajo su marca, comercializa carne y chacinados y tiene en el canal mayorista su principal vía de ventas. La faena se realiza en dos plantas cercanas que prestan el servicio, mientras que San Fernando y Reynafé aportan buena parte de los animales. Aproximadamente la mitad de los capones de San Fernando termina en Pondesur, mientras que en Reyna Fe la proporción ronda el 40%.

Actualmente la planta desposta unos 650 capones por semana y emplea, entre la industria, los locales, el transporte y la estructura comercial, a más de 50 personas. Pero Bouzada considera que el frigorífico ya quedó chico para los objetivos que tiene la empresa.

“Tenemos ya en proyecto ampliar la planta, porque está trabajando al máximo de su capacidad y más también. Hoy es muy difícil poder aumentar nuestra producción sin ampliar la planta”, sostuvo.

La inversión proyectada apunta principalmente a ampliar la capacidad de frío, con nuevos túneles de congelado y depósitos de frío y congelados. La planta fue diseñada para poder aumentar el volumen de desposte y elaboración sin tener que modificar de manera significativa esas salas.

El siguiente paso, de acuerdo con el plan estratégico de la empresa, es mucho más ambicioso: construir una planta de faena propia. El aumento del costo de contratar el servicio comenzó a convertirlo en un problema. “Hace unos cuatro años el costo de faena era un 3% de nuestros costos, hoy es cerca del 7%. Ahí antes no veíamos un riesgo y hoy lo empezamos a ver”, explicó.

La idea no es necesariamente construir el frigorífico de ciclo 1 junto a Pondesur. Tampoco encuentran en la zona una planta existente que resulte atractiva para comprar y reconvertir. Por eso la opción que más los convence es una planta nueva, pero para avanzar necesitan sumar socios y volumen.

“Una faena tiene que tener mínimamente 500 animales por día. Eso implica que son proyectos más complejos, porque tengo que salir a buscar otras empresas, otros productores, otros industriales que tengan la misma visión”, indicó.

Para Bouzada, la escala será determinante para la supervivencia de la actividad porcina. En un radio relativamente reducido ya se conformó un entramado productivo que integra las granjas de San Fernando y Reynafé, los frigoríficos que prestan el servicio de faena y Pondesur. Esa concentración geográfica permite bajar costos y fortalecer el negocio.

“En 100 kilómetros lineales tenemos nuestra granja, tenemos la granja de Reina Fe, están llegando a 2000 madres, tenemos los dos ciclos uno donde nos dan servicio de faena y tenemos Pondesur. Acá se armó un clúster”, describió.

Ese esquema también permite reducir el costo logístico. Según Bouzada, enviar un capón en pie desde San Fernando a Ponce Sur implica unos 1000 pesos menos de costo respecto de trasladarlo a un frigorífico ubicado a más de 300 kilómetros. Para él, esa integración vertical es una de las claves para ganar competitividad.

Pero el proyecto no termina en el mercado interno. Bouzada considera que la cadena porcina argentina tiene que empezar a mirar seriamente la exportación como una salida estructural para una producción que viene creciendo.

“El mercado viene creciendo, estamos en 19 o 20 kilos por habitante y se debería poder llegar relativamente fácil hasta los 25. Pero no podemos dejar de mirar el tema de la exportación”, afirmó.

San Fernando, Pormag y 10 empresas más del sector llegaron a conformar un consorcio y enviaron dos o tres contenedores al exterior, aunque la experiencia se discontinuó porque los números dejaron de cerrar. “Realmente no solo no se gana, si no que se empezó a perder plata con eso”, reconoció. Sin embargo, sostiene que hay que volver a intentarlo.

Para Bouzada, la referencia es la avicultura, que coloca una parte de su producción en el exterior y utiliza ese mercado como una válvula para equilibrar la oferta doméstica. “Ellos ya saben que un 20% de su producción la tienen que colocar afuera y eso actúa como buffer para regular un poco la producción local”, explicó.

La necesidad de exportar también aparece vinculada al crecimiento de las importaciones de carne porcina, especialmente desde Brasil. Bouzada no propone cerrar el mercado sino mejorar la competitividad argentina y conseguir que la balanza comercial sea favorable.

“La mejor forma de contrarrestar esto es simplemente mirando la balanza comercial. Lo único que tengo que hacer es exportar. Lo único que tengo que hacer es exportar más de lo que ingresa y que esa balanza comercial sea positiva. No hay otra forma de pararlo”, sostuvo.

La diferencia de costos con Brasil es uno de los principales obstáculos. “Brasil vale 90 centavos el capón en pie y acá en Argentina estamos en 1,50 dólar por kilo, casi el doble”, graficó. A eso suma costos impositivos, laborales, financieros y de infraestructura que, según considera, afectan la competitividad local.

También cuestiona las condiciones de financiamiento disponibles para seguir invirtiendo. La ampliación de Ponce Sur está definida, pero la posibilidad de concretarla depende en parte de conseguir crédito a tasas razonables. “Los créditos en pesos que hay, al 33 o 35%, para mí son créditos caros. No me animo a tomarlos. En dólares no puedo tomar porque es un negocio que estamos 100% en pesos”, explicó.

Mientras tanto, las nuevas inversiones en las granjas se realizan principalmente con recursos propios. La empresa también está desarrollando nuevos esquemas de integración con productores que dejaron la actividad de cría porcina pero conservan instalaciones de engorde.

Uno de esos casos es el de un productor que tenía 100 madres y había cerrado su granja. San Fernando le propuso reconvertirla en un sitio 3: hoy recibe lechones de entre 20 y 22 kilos, los engorda y entrega los capones a la empresa, que conserva la propiedad de los animales. El productor aporta instalaciones y parte de la alimentación.

“Él arrancó con un engorde y hoy reconvirtió el 100% de la granja en un sitio tres. Toda la granja la tiene con animales nuestros”, contó Bouzada. Para él, este tipo de reconversión permite que pequeños productores no desaparezcan sino que encuentren un nuevo lugar dentro de una cadena cada vez más integrada.

En paralelo, San Fernando cambió su genética y hoy trabaja con genética danesa DanBred, mientras que la reproducción se realiza mediante inseminación artificial y genética líquida. Incluso la empresa produce internamente sus futuras madres a partir de bisabuelas, con un esquema de selección que permite reducir el ingreso de animales y mejorar el control sanitario.

“Nosotros vamos a 4200 kilos por madre. Son niveles que no los tienen ni en Estados Unidos ni en Europa. Son niveles muy buenos, pero hay que apuntar a la productividad sin duda. Y la escala va a ser clave”, aseguró.

Bouzada ve allí una de las principales ventajas de la Argentina frente a otros grandes productores. En Estados Unidos y Europa observa costos laborales y sanitarios más altos y restricciones vinculadas al bienestar animal que, a su entender, reducen la eficiencia. Por eso considera que la oportunidad argentina está en producir más kilos por madre, bajar costos y ganar escala.

El escenario de consumo también cambió. En los locales propios de Ponce Sur, el aumento de la demanda de carne porcina fue marcado cuando el precio de la carne vacuna comenzó a despegar.

“Vimos cómo las carnicerías nuestras automáticamente la gente se pasó al cerdo. En un año se empezó a vender en las carnicerías exclusivas de cerdo un 50 o 60% más, comparando mes contra mes interanual”, relató.

Su conclusión es que el consumidor argentino está incorporando al cerdo de manera permanente y que eso forma parte de una transformación más profunda del mercado de carnes. “La carne vacuna se tiene que exportar. La carne de cerdo tiene que estar en un escalón más bajo que la de novillo y esto es sano. Esto pasa en el mundo”, sostuvo.

Por eso, cuando piensa en los próximos años, Bouzada resume la estrategia de San Fernando y Ponce Sur en tres conceptos: mercado interno, exportación y escala. La empresa ya recorrió el camino que va desde las granjas hasta la industria y ahora busca completar la integración con una faena propia. Para hacerlo, sabe que necesitará más volumen y nuevos socios.

“Argentina, comparada con Brasil, en cualquier cosa es muy chiquita. Entonces el negocio de ir a cosas que impliquen generar o tener un volumen grande, para mí, es clave”, concluyó.

 Crédito: Bouzada

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